
Que saciedad ahí entre cada palabra, escrita, plasmada, sentida, buscada, reclamada, declamada, y lo que pudo haber sido y lo que nunca será.
Sintiendo poco a poco, el peso que condena la avaricia del cariño, que sofoca y condena; que rompe a veces con los sueños, otras tantas veces con las promesas, y de ves encunado con la vida.
Que tan real es algo que no sientes y lo escribes, que tan real es decir te quiero con la pluma en la mano y el corazón en otro lado, que tan fuerte es la penitencia de sentenciarte y reclamar justicia todo al mismo tiempo.
¿Acaso soy yo el que ha perdido la cordura? , o ¿eres tu la que perdió la noción del sentimiento?
Que razón tiene seguir discutiendo de un mundo tan extraño y tan ambiguo como el tullo, y que tu llamaras mió. Busco un consuelo en los recuerdos, que son solo míos, que con egoísmo guardo y protejo, de aquellos momento gratos y fructuosos, pero aun así la duda esta en el aroma que perciben mis instintos, como si afirmar que un hombre es sabio por el tiempo vivido, o querer creer que tu amor es solo mió.
Guardo cada una refunfuñante palabra, y la siento escarcha en estos momentos por que, en un te amo y un te quiero ahí un gran sentimiento, pero nunca ahí un gran abismo.